Pablo nació el 22 de julio de 1963, en el seno de una familia de clase media
Hijo de Tito, arquitecto, y Lila, ama de casa, y hermano de Marta, maestra jardinera, hoy en
el Paraíso.
Pablo vivió una infancia propia de un chico de clase media de buen pasar; vivía en Castelar
y le encantaba jugar a la pelota en las tranquilas calles de su barrio.
Durante su adolescencia, comenzaron a manifestarse serios problemas de salud, con un
diagnóstico de miastenia, enfermedad neurológica que afectó particularmente a sus
párpados; a ello se sumó, a los 17 años, una operación del timo que fue dolorosa y que
impactó profundamente en su ánimo. Es en ese momento de dolor, de cuestionamientos por
sus problemas de salud, cuando un compañero de secundaria que había asistido a una
jornada gen, lo invita a un encuentro posjornada.
Pablo quedó profundamente conmovido con ese, su primer encuentro con el Ideal de la
unidad, que marcaría a fuego su vida entera.
Poco tiempo después conoce la Mariápolis; inmediatamente, siente el llamado a ir a hacer
la experiencia, a pesar de la incomprensión de sus padres.
En ese, su lugar en el mundo, viviría durante dos años haciendo la experiencia. Esa etapa
de su vida, particularmente luminosa, sería la fuente en la que abrevaría en muchas de sus
comuniones y sus escritos
Y he aquí una característica muy fuerte en Pablo: habiendo sido una persona más bien
tímida, que sentía que no estaba hecha para hablar públicamente, especialmente si ello era
frente a muchas personas, había descubierto que su vocación en la vida era alabar a Dios,
y para ello sentía muy fuerte la necesidad de poner en común las profundas experiencias de
vida de unidad que hacía en diferentes momentos de su vida. Y su instrumento fundamental
para ello era la escritura. Hasta el fin de su vida entre nosotros quiso que sus escritos,
llenos de reflexiones profundas y experiencias de vida, estuvieran disponibles para todos;
por ello, los dejó en un reservorio de documentos en la web
(https://sites.google.com/view/escritospablozalla/inicio). De hecho, su palabra de vida,
recibida de Chiara, era “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó
hasta el fin” (Juan 13, 1)
Una característica distintiva de Pablo era su humor, sus chistes, sus ocurrencias y frases
ingeniosas, como cuando, después de algún encuentro con un gran clima de unidad,
afirmaba haber salido caminando a 10 cm del piso.
A lo largo de su vida encaró distintas carreras universitarias, y finalmente se recibió de
analista en sistemas; la mayor parte de su actividad laboral transcurrió en una clínica
odontológica en la ciudad de Buenos Aires, donde trabajaba como encargado de sistemas
de computación. Al respecto, afirmaba hace poco un voluntario de su núcleo que concurría
a esa clínica: “podía apreciar la excelente relación de amistad y respeto con sus
compañeros de trabajo”
En cuanto a su participación en la Obra de María, después de haber hecho la experiencia
en la Mariápolis en 1982 y 1983, regresó a Buenos Aires y comenzó a participar de la
unidad gen 2 del oeste del Gran Buenos Aires, de la que en algún momento llegó a ser el
blanco (responsable). Allí vivió con los demás gen una etapa muy linda, llevando el Ideal de
la unidad a mucha gente de la zona, a través de encuentros de Palabra de Vida
organizados en conjunto con las gen del oeste, que llegaron a reunir a alrededor de 60
personas. De esa época data, además, su incorporación al conjunto Gen Lode como
guitarrista (tocaba muy bien ese instrumento), y el vínculo de amistad y afecto con muchos
de los y las jóvenes del movimiento de otras zonas.
En 1990 vivió un acontecimiento importantísimo: durante una actividad social en un barrio
popular en J.C. Paz, conoció a Sylvia, su futura esposa, con quien se casaría el 31 de julio
de 1993 en el Centro Mariápolis ubicado en ese barrio, en una ceremonia oficiada por
Vittorio Sabbione, uno de los primeros compañeros de Chiara.
En 1998 nacería su único hijo, Sebastián, quien le daría en 2017 a su nietita Ariana.
Entre fines de los años 80 y buena parte de los 90, Pablo tomó distancia de la Obra, y no
participó en la estructura interna; sin embargo, mantenía diálogos muy profundos con
Vittorio Sabbione y, por supuesto, vivía marcado por la espiritualidad de la unidad.
Tras ese período, regresó y comenzó a encontrarse en la rama de los voluntarios; a lo largo
de los años, pasó por diferentes núcleos, en ocasiones como responsable.
Sus últimos años estuvieron marcados por muchas situaciones difíciles y dolorosas:
problemas de salud que llevaron a varias internaciones; una grave enfermedad que afectó a
su hermana a lo largo de catorce años hasta su partida en 2022; dificultades en el vínculo
con su papá, que partiría a principios de 2023, situaciones difíciles en su núcleo familiar…
Puesto a prueba en el dolor, Pablo fue recorriendo este último tramo de su vida
profundizando su relación con Dios y su vida en unidad; tuvo frecuentes coloquios con su
responsable de núcleo; puso en común su alma en cada encuentro con la profundidad que
lo caracterizaba, y se preocupó por dejar terminada la página con sus escritos para donar a
otros el tesoro que significaba para él la presencia de Dios Amor en su vida, tal como
expresa el escrito que se encuentra en el inicio de la página:
“Fue un instante nada más en que una Luz desde muy alto atravesó la oscuridad y me
iluminó interiormente. Era el Amor de Dios, que vino a buscarme para habitarme. Señor, yo
no soy digno de que entres en mí, en mi casa, en mi pequeña historia personal, pero Tu
misericordia infinita así lo quiso.
Es el sagrado instante en que recibimos el don de la fe, y se instala en lo más profundo de
nuestro ser un Ideal: Dios-Amor. Probamos la felicidad absoluta cuando Su Presencia se
hace sentir”
Zalla, Pablo Gustavo
02-Cinerario, V-W-X-Y-Z
