Del 16 al 18 de octubre de 2026, Mariápolis Lía, en Argentina, recibió a 57 participantes de ocho países para compartir experiencias, profundizar el diálogo y fortalecer el trabajo en red al servicio de las comunidades latinoamericanas.
Bajo el lema «Juntos, un cambio profundo por nuestra América Latina», referentes de Humanidad Nueva y del Diálogo con la Cultura Contemporánea se reunieron en Mariápolis Lía, en O’Higgins, provincia de Buenos Aires. Participaron personas llegadas de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil y Perú, junto con representantes de Italia y Francia.
El encuentro contó con la presencia de Silvia Ligios y Mario Bruno, responsables mundiales de Humanidad Nueva, y de Catherine Belzung y Osvaldo Barreneche, por el Diálogo con la Cultura Contemporánea. Durante tres días, los participantes combinaron momentos de reflexión espiritual, presentación de iniciativas y diálogo sobre los desafíos de América Latina.


La cercanía como punto de partida
Una meditación inspirada en la parábola del Buen Samaritano marcó el inicio de los trabajos e invitó a detenerse ante las necesidades de los demás. La proximidad se presentó como un estilo de vida: escuchar, acompañar y construir relaciones concretas con quienes comparten nuestros barrios, ciudades y espacios de trabajo.
La reflexión también se nutrió del texto «La Resurrección de Roma», de Chiara Lubich, y de un escrito de Margaret Karram. Ambos alentaron a mirar las ciudades reconociendo, además de sus dificultades, la belleza y las posibilidades de renovación que existen en cada comunidad.
Respuestas concretas a los desafíos de la región
Una presentación de Airam Lima abrió la mirada sobre la realidad sociocultural latinoamericana, sus heridas sociales y sus desafíos estructurales. A partir de ese contexto, los participantes compartieron experiencias que buscan dar respuestas desde la fraternidad y la participación comunitaria.
Desde Brasil se presentaron iniciativas desarrolladas en contextos de vulnerabilidad social y experiencias de colaboración con empresas e instituciones. La zona Interamericana compartió propuestas de formación en liderazgo y acción transformadora.
Entre las experiencias del Cono Sur se dieron a conocer CO.DE.SO y el Centro Educativo Integral Nueva Vida, de Uruguay, así como los proyectos Tinku, Escuela Aurora, Centro de Día Siluva y encuentros de Fútbol Callejero. Estas iniciativas permitieron conocer distintas formas de acompañamiento, educación y encuentro comunitario.
También hubo espacio para compartir el aporte de redes vinculadas con la política, la economía, la ecología, las ciencias sociales, la comunicación, el arte y la salud. Se presentaron experiencias del Movimiento Político por la Unidad, la Economía de Comunión, EcoOne, Social-One, NetOne, Arte y Comunión, y Salud, Diálogo y Comunión.

Caminar juntos y ampliar la participación
Los espacios de intercambio permitieron profundizar la relación entre Humanidad Nueva y el Diálogo con la Cultura Contemporánea. Se destacó la importancia de articular esfuerzos, compartir aprendizajes y fortalecer los vínculos entre las iniciativas locales y los responsables mundiales.
De cara al futuro, surgieron tres prioridades: consolidar el trabajo en red, incorporar activamente a los jóvenes y ampliar la participación a personas que, también desde fuera del Movimiento, quieran contribuir al bien común. Para ello, se subrayó el valor de una comunicación abierta y de un lenguaje accesible.
Como horizonte de colaboración, se presentó el Congreso Panamericano sobre la Cultura del Cuidado: Personas, Sociedad y Casa Común, previsto del 25 al 27 de mayo de 2028 en Caruaru, Pernambuco, Brasil. La propuesta busca reunir esfuerzos en torno a la ecología integral, el cuidado social y el desarrollo humano.
El encuentro concluyó con el compromiso de ser puentes en las propias comunidades. Unas pulseras tejidas por mujeres de la comunidad de Fortín Dragones, en Salta, acompañaron el cierre como símbolo de los vínculos construidos.
Los participantes regresaron a sus países con el deseo renovado de transformar lo compartido en acciones cotidianas: acercarse a quienes sufren, abrir espacios de diálogo y construir juntos una América Latina más fraterna.


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